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18 de febrero de 2011

MIETEK Y SUS HERMANOS: LOS TÍOS DE MI AMIGA RITA (segunda parte)

Parte 2-

Era ya invierno, principios de diciembre. Por las mañanas helaba. Los tres hermanos pernoctábamos entre los arbustos, apretujados uno contra el otro, para no helarnos. Teníamos con nosotros algo de comida que ya se terminaba. Decidimos que yo fuera a la aldea más cercana para comprar pan. Jánkl, el único que tenía algo de valores, me entregó dinero para el pan. Acordamos que ellos iban a esperarme en el límite del bosque. Fui a la aldea y compré pan sin problemas. Pero en el camino de vuelta, me empezaron a perseguir unos cuatro o cinco polacos gritando ¡Judío! En los bosques y alrededores pululaban los polacos en busca de judíos, para matarlos o entregarlos a los alemanes por un litro de nafta, vodka o azúcar. Yo empecé a correr en dirección adonde se encontraban mis hermanos. Ellos, al ver lo que pasaba, frente al peligro (éramos muy fuertes y todos deportistas) arrancaron de cuajo tres jóvenes arbolitos, me tiraron uno y con ellos enfrentamos a los perseguidores. Sorprendidos y acobardados, nos gritaron que sólo querían asustarnos y se dieron a la fuga.

El frío se volvía cada vez más intenso. Decidimos ir a la casa de la familia Wisniewski. Una noche, sin que ellos se enteraran, ingresamos en el establo. Nos hundimos en el heno almacenado en las gradas y por fin pudimos entrar un poco en calor. A la mañana, cuando Stefanía entró para ordeñar las vacas, se asomaron Jánkl e Itzjak, y éste, en voz baja, la llamó. La mujer se persignó al verlos y exclamó: ¡están vivos muchachos! Enseguida nos trajo comida caliente. La casa ya había sido revisada por los gendarmes en busca de judíos, así que por el momento podíamos quedarnos. De mi presencia todavía no sabía. Por fin Jánkl le dijo que con ellos se encontraba un muchacho, eludiendo decir que era su hermano, y que no lo podían abandonar. Le entregó algunos valores para la comida. Ella me aceptó, y así fue que nos quedamos con ellos todo el mes de enero. Entre los vecinos comenzaron a correr rumores de que en establo había judíos escondidos. Alarmada, Stefanía nos avisó, y tuvimos que irnos.

Era pleno invierno, con temperaturas entre 15 a 20 y más grados bajo cero. La nieve llegaba hasta las rodillas. Al bosque era imposible volver. Por arreglo de la señora Stefanía nos dirigimos a la casa de la familia Strenilowski, muy amigos de los Wisniewski. Ellos eran también gente muy buena y noble. Nos acogieron por dos semanas, dándonos de comer. De ahí nos dirigimos a la casa de un amigo de Itzjak. El cambio de casa lo hacíamos siempre por la noche, en la oscuridad, transitando por el camino o por campo traviesa cuando había algún peligro de que nos vieran. Dejamos de llamarnos entre nosotros por los nombres en idish, y empezamos a llamarnos por nuestros nombres en polaco. No fuimos más Itzjak, Jánkl y Meiszke, fuimos Vicek, Janek y Mietke. Así llegamos al establo de la casa del amigo de Itzjak, y nos metimos en el heno de las gradas, sin que él lo supiera. Al día siguiente Itzjak le avisó que estábamos allí. Tuvo miedo de que permaneciéramos más de dos semanas. Nos acogió por dos semanas, dándonos de comer. Al vencer el plazo Jánkl pensó en un amigo de un tío que vivía en una aldea cercana. Allí nos dirigimos por la noche y con el mismo método nos escondimos en el establo y al día siguiente Jánkl le avisó al dueño de casa que estábamos allí. Este hombre nos admitió por una semana. Nos aconsejó que siguiéramos con el mismo método, pero que tratáramos de que los campesinos vecinos no se enteraran de nuestra presencia en una casa. También nos dio los nombres de gente confiable. Nos entregó tres panes y nos despedimos.

Cuando no tuvimos otra opción, entramos en establos a escondernos también de los dueños de casa. Como no teníamos forma de conseguir comida, recogíamos los huevos de las gallinas y nos los comíamos crudos. También ordeñábamos las vacas para tomar leche. Por las mañanas, cuando las campesinas iban a ordeñar las vacas, se quejaban de que estaban dando poca leche. Así, de esta manera, pasamos el invierno hasta los principios de la primavera. En el mes de abril, decidimos ponernos de nuevo en contacto con la familia Wisniewski.

Ya había empezado el deshielo. El río Narew desbordó, inundando todos los campos lindantes. Para llegar a destino tuvimos que cruzar el agua. Encontramos un bote amarrado con una gruesa cadena. Cada uno intentó cortar la cadena con la enorme tijera de Jánek, y después de muchos fracasos, al fin pudimos cortar un eslabón y nos subimos al bote, pero no anduvimos por mucho tiempo, porque el bote se atascó en el alambrado de un campo inundado, y no lo pudimos liberar. Pero no podíamos perder tiempo, porque pues era necesario llegar antes del amanecer. Cruzamos el resto del trecho a nado, más de un kilómetro, en agua helada. Cuando salimos del agua, la ropa empapada sobre nuestros cuerpos mojados, se congeló y endureció. Empezamos a correr a toda velocidad para no congelarnos totalmente. Llegamos al establo al despuntar el alba. Nos sacamos la ropa congelada, y desnudos, nos metimos entre el heno, apretujándonos uno contra el otro para reponernos del frío y del agotamiento. Luego de unas horas entró Stefanía con Pawel, su hijo, en el establo. Les avisamos en voz baja que nos encontrábamos ahí. Nos dieron la bienvenida, diciéndonos que podíamos quedarnos por un tiempo, ya que por las inundaciones estaban cortados todos los caminos y no había peligro de alguien se llegara por allí. Stefanía trajo enseguida comida caliente y ropa vieja para abrigarnos, y se llevó la nuestra para lavar. Permanecimos allí hasta que el deshielo dio paso a la primavera. Los bosques se cubrieron de verdor y volvimos a penetrar en bosque, sin cortar el contacto con la familia Wisniewski. Nos escondimos en la zona pantanosa de los bosques de Pniewo.

Durante el primer mes estuvimos los tres solos. En el bosque hallamos una "Buda" abandonada (una especie de carpa hecha de ramas y camuflada con vegetación), que se convirtió en nuestra madriguera. De noche salíamos en busca de alimentos. Entrábamos en los establos y robábamos gallinas. La primera vez que fuimos a robar una gallina, me quedé con Itzjak vigilando y el que entró fue Jánkl. Pero en vez de atrapar una gallina, Jánkl atrapó un gallo que armó tal alboroto en mitad de la noche, que tuvimos que salir corriendo con las manos vacías. De a poco adquirimos destreza y retorcíamos el cuello de una gallina en una fracción de segundo, sin el menor ruido. Para no perdernos en la noche, tomábamos como hitos del camino las formas de las copas de los árboles. Si nos separábamos, para reencontrarnos, aprendimos a emitir un sonido inconfudible ahuecando las manos, imitando el canto de un pájaro.

Visitábamos también a la señora Stefanía de vez en cuando por la noche. En una oportunidad, el hijo nos entregó un fusil de caño y culata cortados con unas balas. El noble muchacho consideró que lo necesitábamos. Fue nuestra primera arma.

Cerca de nuestra madriguera, abandonada en el bosque habíamos observado, semidesmantelada, una destilería clandestina de una clase de vodka llamada "Samogon". A los pocos días observamos, sin que nos vieran, a dos campesinos que se acercaron a la destilería. Y empezaron a armarla. Decidimos arriesgarnos y acercarnos. Estábamos asustados, no menos que ellos, que al vernos empezaron a correr. Los llamamos diciendo que deseábamos ayudarlos en el trabajo. Aceptaron, y nos dieron comida a cambio sin hacer preguntas. Así empezamos a destilar vodka "Samogon", que tenía el gusto y el olor del mismísmo demonio, pero era muy requerida. Una vez, uno de ellos, Kulakowski, llegó solo al bosque para hablar con nosotros. Nos confió que tenía escondida a una familia judía y quería que la acogiéramos pues tenía miedo de tenerla, y nos pidió reserva frente al otro campesino. Nos aconsejó que nos trasladáramos más adentro, a una zona todavía más pantanosa. Era más seguro y más peligroso a la vez, por lo traicionero del terreno. Había que estar seguro de dónde se ponía el pie, para no ser succionado por el pantano. Allí construimos dos Budy, alejadas una de la otra por cien metros, para mayor seguridad. El agua lo obteníamos cavando un pozo de un metro de profundidad.

A los pocos días, una noche, el campesino condujo a la familia judía al bosque para que nosotros le diéramos acogida. Era un matrimonio con tres hijos de entre cinco y doce años de edad, y el abuelo. Increíblemente se trataba de familiares nuestros lejanos, por parte materna. La familia ingresó a uno de los Budy. Por razones de seguridad explorábamos el bosque que era inmenso. Descubrimos más judíos escondidos en lugares accesibles y peligrosos, y los llevamos con nosotros a los pantanos. El grupo contaba ya con veinte personas, y comenzaron a faltar los alimentos. Trabajando la destilería obteníamos comida para nosotros tres. Kulakowski se encargaba de traer comida para la familia que nos había traído, pero los demás tenían hambre y repartiendo no alcanzaba. De noche salíamos a las aldeas en grupos de a seis, para robar. Ya no solamente una gallina, sino corderos y hasta cerdos. Contábamos con dos armas. Una, la que me dio el hijo de Stefanía. La otra era de Archi Rudnik.

El procedimiento era el siguiente: tres hombres rodeábamos una casa con las armas que teníamos, los tres restantes entraban sigilosamente en el establo. Con los que entraban siempre iba Jánkl, que con un lazo especialmente preparado, ahorcaba a la presa en un segundo. Luego de matada, los tres descuartizaban la presa allí mismo. Dejando cabeza, patas y entrañas en el lugar. Se repartía la carne en seis bolsas, una para cada uno, que con la bolsa en la espalda corría con todas sus fuerzas para llegar al pantano antes del amanecer.

Una vez una familia nos descubrió. Vimos que encendieron una luz dentro de la casa. Archi y yo entramos a la casa forzando la puerta con las armas en las manos. Ordenamos a los campesinos a meterse bajo las camas y permanecer allí por dos horas, amenazándolos con quemarles la casa si avisaban a los gendarmes o los vecinos.


(Continuará)

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Pino Solanas, su política buitre y la resolución de Ballesteros

EN QUÉ CONSISTE LA POLÍTICA "BUITRE" DE SOLANAS 9/01/2010
Buitre, porque para conseguir el poder se alía estratégicamente con la derecha como un comensal, y la alienta al proceso de destruir al Gobierno creyendo poder así alzarse con el poder al fin de la destrucción, porque confía en que su discurso más verborrágico e incendiario que el de la misma derecha, va a poder eclipsarlo y finalmente va a poder liderar el último tramo de la destrucción y alzarse con el poder.
Leer el post..
RESUELVO: 1) SOBRESEER DEFINITIVAMENTE en la presente causa N° 14467(expte 7723/98) en la que no existen procesados (art. 434 inc. 2° del Código de Procedimientos en Materia Penal) 2) REMITIR copia de la presente resolución (mediante disco) y poner las actuaciones a disposición de las HONORABLES CAMARAS DE SENADORES Y DIPUTADOS DEL CONGRESO DE LA NACION para su consulta o extracción de copias de las piezas procesales que se indiquen a los efectos que estimen conducentes. TEXTO DEL FALLO Leer comentarios

Cuentos de vida

12/02/2008 EL HOMBRE DEL PODRIDO TORNILLO(cuento)
Voy caminando sin mucho apuro para abrir mi óptica. Desde lejos veo que alguien que no conozco está frente a la puerta. El hombre consulta el reloj en su muñeca. Cruza los brazos sobre el pecho. Levanta la cabeza hacia el cielo. Baja luego la cabeza y mira sus zapatos. Descruza los brazos y mete las manos en los bolsillos. Termina la secuencia espasmódica descansando su esqueleto sobre un auto estacionado, mirando la puerta cerrada de la óptica. Vuelve a mirar el reloj. Sigue...
22/02/2010 - UN ÁNGEL EN COLECTIVO (relato)
Yo estaba tan embarazada, que había pasado la fecha de parto y mi familia me cargaba con la siguiente pregunta ¿y cuándo vas a parir? Y yo me reía, esperando que la naturaleza se ocupara en cualquier momento de que llegara mi bebé.
Lady D también estaba embarazada de su primer hijo. El papá de mi hijo decía que nuestro bebé tenía mejor ajuar que el hijo del Príncipe Carlos. Eran épocas de todo importado, y yo, eufórica por mi maternidad, había comprado el mejor cochecito de Harrod's y las ropas y utensilios para bebé, de lo más hermosos que encontré. Leer completo...
06/03/2008 - LOS GLADIOLEROS (cuento)
En el baño empezó a gotear la ducha. Hace de esto cinco años. Llamé a uno de esos brujos de la humanidad que atesoran saberes aquilatados y añejados en paneles de roble, uno de esos que miramos las mujeres agachando la cabeza, reconociendo nuestra inferioridad por efecto de la prueba contundente.
El plomero, que aparece con su bonete inmenso sobre el cual tiene una estrella, trae consigo herramientas que como la varita mágica, sólo obedecen a su secreto conjuro. La casa es un poco vieja, me dijo al irse, la próxima vez no le va a poder cambiar el cuerito a la canilla, va a tener que cambiar los caños. La sentencia estaba echada.
Cinco años después, es decir, ahora, se volvió a romper el cuerito y volvió a gotear la ducha. Leer más...
9/10/2008 - LOS JUDÍOS Y LOS REYES MAGOS (cuento)
Era la mañana del 6 de enero de 1954. Verano. En ese año yo iría al colegio por primera vez. Era la hija mayor de un matrimonio de judíos polacos inmigrantes. Teníamos un local de comercio seguido de vivienda, como había entonces. En el local, estaba mi papá. En la cocina de la vivienda, estaba mi mamá haciéndome el desayuno. Mis dos hermanitos, de 3 y 4 años, estaban aún en las cunas. Yo desayuné, y como hacía todos los días, salí a la calle a jugar con mis amiguitas. Serían las 10 de la mañana. Salgo a la calle y lo primero que veo es que todas mis amiguitas están juntas, y tienen algún juguete en la mano. Me extrañó muchísimo.
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Capítulo 1. El extraño caso de mi hermanito y la palmeta
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